
Volvió Huracán a Primera. Con sufrimiento. ¡De qué otra forma iba a ser! ¿O acaso alguien pensaba que los goles de Sánchez Prette y Milano, sumado al 2-0 de la ida, eran un pasaje asegurado a la A? No, viejo. Si no te hacen transpirar sin siquiera moverte de tu casa, pareciera que no vale. Encima, otra vez, como ante San Martín (SJ), dos mazazos rivales, en cuestión de segundos, atrajeron los fantasmas del cuarteto de frustraciones previas. Godoy Cruz, dueño de la plaza en la máxima categoría, no quería dejar que se le escapara tan fácil. Sí, necesitaba dos goles, y como la mochila del Globo era tan pesada... Pero Huracán demostró que fue el que mejor entendió como jugar las dos finales de la Promoción: con amor propio, peleando a muerte cada pelota y, si encima es con pasajes de buen fútbol, mucho mejor. Y por eso, después de cuatro temporadas, es otra vez de Primera.Porque si hay que revolearla como hizo Ubeda, se revolea. Si hay que tirarse al piso como Christian Díaz, se va. Si hay que volar de palo a palo como Leo Díaz, se revuelca. O si hay que trabar en cada bola, como Barrientos, Goltz y Cellay, se traba. Le toque a quien le toque. Pese a los defectos. Porque saben que los ligeritos (Coyette, Larrivey, Milano, Sánchez Prette y Poggi) marcan diferencia. Por eso, cuando Gordillo puso de el 3-2 que aflojó las tensiones, Antonio Mohamed estalló en un llanto inconsolable que se multiplicó cuando los 6.000 fanáticos que hicieron el aguante le cantaron "el Turco no se va". O cuando desde la tribuna le acercaron a lo pequeños Yair y Nashiv y ensayaron un festejo con su padre dentro de la cancha. O cuando, ya en el vestuario, se reencontró con su hija Mayra y su esposa Patricia. Sus lágrimas son las de todos. La alegría no tapa la tristeza por la pérdida de su hijo Faryd. Pero se permitió compartirla con los que estuvieron cerca. Entonces surgió el abrazo espontáneo de Babington. El presi, quien anunció que intentará convencerlo para que siga, dirigía al Globo que subió en la 89/90, con un joven Mohamed autor del 1-0 del regreso. Y también se dio una vuelta el Rolfi Montenegro, baluarte del ascenso en el 2000, ayer como hincha en la popu, quien fue a saludar a su amigo. Todos querían tocar al Mesías. Los hinchas, que desde temprano vistieron Mendoza de blanco y rojo, armaron su fiesta. "Señores yo dejo todo, me voy a ver al Globo...", hicieron sentir los 1.100 kilómetros que recorrieron en micro, auto o, los tops, en avión. Se despidieron del Nacional: "El Globo se va de la B, será porque tiene huevos y le sobra hinchada para no volver". Y se ilusionaron con el futuro: "De la mano del Turco vamos a volver, a La Boca, a Boedo y a Liniers". Tampoco faltaron dedicatorias para San Lorenzo: "El que no salta es del Ciclón". E insultos para el árbitro Giménez, quien con sus fallos los privó de un ascenso en San Juan.De hecho, se notó la bronca contenida en el efusivo abrazo de Ubeda (37 años) y Leo Díaz (34). O en la revancha que fue para Cellay, Goltz, Larrivey, Milano y Sánchez Prette, partícipes de los traspiés ante Gimnasia (J), Instituto (04/05), Argentinos (05/06) y los sanjuaninos. También la tuvo el otro Díaz, quien hace un año hacía el camino inverso con Olimpo.Festeja Huracán. Sí, con Globito, pero vale más. Más que el $ 1.000.000 de premio, más que la furia con la que le daba Sosa al tambor, más que el apuro para tomar el vuelo hacia el delirio de Parque Patricios, mucho más que todo eso...

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